Llegaras a un punto de saturación o congestión en el cual no podrás más ocultar tu tristeza. Este es un momento en el cual tu dolor importara más para ti que tu orgullo. Con saturación me refiero al cansancio psíquico que se experimenta al sentir y pensar repetidamente de una manera específica. Ya no te importara más mostrarte estoico. Te dará igual ser estoico o no serlo y sentirás la necesidad imperativa de sanar tus varias heridas y esto te obligara a llorar ante esas personas que te ofendieron y así le mostraras tu nivel de afectación. Revelaras todo el dolor que te ocasionaron a través del llanto. Esto hará surgir sentimientos de compasión hacia ti y podrás sanar tu herida interior. El llanto traerá luz a la oscuridad y las personas que te hirieron verán la medida del daño que te causaron y tomaran verdadera conciencia sobre sus acciones pasadas. Podrás también a su vez ver nacer sentimientos de compasión de ti hacia esas personas, si es que tú también le causaste daño, y podrás curar sus heridas igualmente. Esto traerá la reconciliación. Te hará sentir aliviado en gran medida. El llanto te permitirá liberarte de todo tu infierno interior de ira, dolor y sufrimiento. Esto te permitirá poder encarar las situaciones que se te presenten en el futuro con más capacidad. Ya no tendrás que recaer en fondos emocionales para poder perdonar. Tendrás la disposición a encarar al que te ofenda de una manera más sencilla a través de reclamar al que te agreda o te ofenda el porqué de su actitud para contigo.
El llanto es en sí mismo un acto de amor en el cual tu sueltas el rencor que le guardaste a tu victimario y este percibe la liberación de su atadura, el como tú lo liberas de su sufrimiento y se suscita el perdón a través de un abrazo fraternal. Jesús lo expresa en la Biblia con la frase: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”.
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